.

Sin querer, cada vez más, me veo metida en debates de cómo y dónde consumir: el pasado sábado tomando una cerveza tranquila y relajada con unos amigos llegó una conocida y empezó a comentarnos el estupendo regalo de amigo invisible que había hecho: “soy una experta en Amazon, lo compró todo allí”. De repente noté como si fuera la spider woman de lo social –así me llama mi amigo Cristian–, no me podía quedar impasible ante ese comentario 🙂 , algo había que resolver… ¿Qué me pasa con Amazon, Primark y HM por ejemplo? ¿Por qué no paso de estos comentarios? Esta persona está contenta consumiendo en Amazon, no le da vueltas a nada más y es feliz siendo una experta del super portal de comercio electrónico, y yo no, punto. ¡Ejem!, si fuera tan fácil me callaría y sonreiría sin más.

.

spiderwoman2

 

En estas fechas es inevitable consumir mucho, quien más quien menos compra regalos, sale a cenar, viaja y en cada una de estas acciones decidimos con quien hacerlo. Mi empeño en convencer a más personas hacia un consumo más consciente es mi religión. Y, ¿por qué?, porque pienso que es lo más sostenible para el planeta y lo más justo para los productores locales.

Trabajando cerca de la calle Gran Vía, veo cada año como va cambiando, como las colas en grandes almacenes es el único objetivo para muchos consumidores. Yo, si entro en cualquiera de ellos, me siento muy perdida y abrumada. Los que van allí, ¿lo hacen por precio realmente, lo hacen porque es la nueva moda turística de las ciudades? Si alguien se dedicara a darnos los detalles de donde vienen los productos y las condiciones de los trabajadores, ¿nos implicaríamos más por un comercio justo? España tiene fama de ser un país muy solidario, el número de voluntarios es muy alto en comparación con otros países europeos y cuando hay alguna llamada de ayuda internacional, participamos de manera masiva con ONG’s. Mi esperanza es que esta sensibilidad, que ya está, se propague hacia el consumo.

Hoy traigo un par de proyectos que están en internet pero que utilizan las tiendas multimarca para exhibirse y venderse, podrían ser una opción para estas Navidades.

El primero es PETlamp, a partir de botellas de plástico, hacen pantallas para lámparas. Su inspiración viene del agitador de bambú que utilizan en las ceremonias de te de bambú japonesas. Una única pieza y con una superficie plana para poder hacer filamentos.

.

petlamp

 

Sus proyectos se desarrollan en Colombia, Chile, Ethipia y Japón. Uniendo el folklore popular de la cultura con la transmisión de conocimiento. En cada país PETlamp colabora con asociaciones locales artesanas, dedicados a difundir y preservar su arte. Y el final del proceso se lleva a cabo en Madrid: parte comercial y logística.

En cada nuevo proyecto, el proceso de diseño está orientado a garantizar la máxima honestidad de los procesos y materiales con el fin de ofrecer no sólo un objeto sino una sensación.

Y el segundo es El sabor encaja. Con él además aprovecho para hacer un homenaje a la Murcia emprendedora –no solo Murcia es el Mar Menor–, si algún emprendedor de allí lee esto que me diga porque hay tanta movida empresarial.

.

elsaboeencaja

.

En concreto este proyecto lo lanzan dos murcianas muy jóvenes que han desarrollado un proyecto que desarrolla la economía local y de nuevo circular. Utilizando las cajas 100% recicladas y sin ningún tipo de pegamento químicos y adhesivos de sus amigos vecinos CartonLab. Cada caja tiene troquelado un dibujo, si quieres utilizarlo como pantalla que da utilidad a una pantalla. Tienes la posibilidad de casquillo, cable y bombilla.

Dos proyectos que dan luz y que promueven la economía local, tanto lejos como cerca. Tienen en común que son la vía de comunicación de proyectos artesanos y culturales –expresada en forma gastronómica o antropológica–. Saben que la unión hace la fuerza y que compartiendo la abundancia –mal repartida– que existe en tantas partes del mundo todo será más justo.