La semana pasada, un día de diario tuve la suerte de dejarme caer por el Rastro, pasear sin más y observar sus tiendas, su mercadeo y disfrutar tan a gusto de este momento. Había algo en mí de turista, y esto solo me ocurre cuando mi curiosidad rebasa las prisas y las obligaciones. ¿Por qué no haremos esto como cura mensual? ¿Por qué no fijamos un momento en nuestra agenda para volver a aquellos lugares en nuestra propia ciudad que, por circunstancias ya no encajan, en nuestra rutina diaria? Soy partidaria de esto: un bloqueo de agenda y caiga quien caiga hacer el plan especial, como quien no cambia nunca su cita con el dentista.

En concreto mi paseo iba dirigido a Las Galerías Piquer, calle Ribera de Curtidores nº 29, que deben su nombre a Concha Piquer –propietaria del solar– y que fueron inauguradas en los cincuenta, ¡nada menos! Estas y las que llaman las Nuevas Galerías, en el nº 12, son la zona noble del Rastro. Sentí que entraba en un lugar mágico porque si no te llevan es difícil saber todo lo que hay allí. Un patio rectangular con varios pisos (estilo veneciano) alberga unas sesenta tiendas dedicadas a las antigüedades. ¡Es un mini pueblo dentro del centro de Madrid! Cada una con su particular personalidad y su especialización: desde cuadros, muebles estilo francés siglo XIX, bustos y torsos de escayolas para futuros artista hasta almacenes de muebles con todo tipo piezas antiguas, destrozadas o desmontadas. En otro tiempo fue la zona de los quincalleros, chamarileros, ropavejeros y traperos del madrid del siglo XIX.

Planti_piquer

 

Entré en la tienda de Pepa Adrados, una de mis preferidas: Antigüedades El Jueves. Ella (de nuevo una mujer, tenaz y encantadora, emprendiendo en mi blog) tiene el meritazo de abrir su tienda hace dieciocho años –seguro que en aquella época no la llamaron valiente emprendedora sino que le dirían “loca de la vida, ¿que vas a montar qué?”–. Tuvo que reinventarse en la crisis, cuando comprar una silla estilo Luis XIV era la odisea en el espacio. Quien quiera saber su receta que se pase a conocerla 🙂 . Sus muebles son los que me llevaría a casa, sencillos con gran valor decorativo, su marca. Se aprecia que los busca y los encuentra por el mundo y que con los años sigue disfrutando con lo que hace. ¿Será vocación o profesión? Por todo esto tiene muy buena fama en ese mundillo.

 

eljueves

 

“¡Ay!”, el día podría ser perfecto 🙂 si para terminar me paro a tomar algo en alguna de las terracitas de la zona: famosas por los caracoles o por su cocina marroquí o simplemente por su vermut de grifo, mientras me imagino como han sido cada una de las historias de estas tiendecillas, con sus riesgos, sus apuestas personales y sus pasiones.