Mi obsesión por deshacerme de muchos objetos en casa comenzó el día que me di cuenta de que mi vestido de novia me acompañaba mudanza tras mudanza y que por su tamaño era un miembro más en mi familia 🙂 . Tengo muchas razones por las que sería muy bueno deshacerme de él: ocupa muchísimo espacio, va a terminar apolillándose y por último mis hijos, los dos chicos, ¿para que lo querrían?

 

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El día que lo comenté con mis amigos y mi familia, me tacharon de poco romántica. Y pensé: “¡Poco romántica la que lo deja morir sin que pueda tener otro uso en su vida!”. ¡Qué poco nos han enseñado sobre desapego y a qué los objetos tienen que circular, y que nada es para toda la vida! Que no tiene sentido la posesión y que es mucho más sostenible alquilar o prestar.

Para venderlo busqué en internet y, ¡cómo no!, lo colgué en el Segunda Mano, que ahora se llama Vibbo. Allí no lo conseguí porque hay muchísimos vestidos colgados. Y como este mundo de la economía colaborativa me parece tan interesante comencé a indagar, en webs y webs, donde se puede vender, alquilar, hacer trueque, etc.

En mi investigación, descubrí páginas maravillosas. A continuación os recomiendo alguna de ellas por categoría para que veáis el surtido del que podemos disponer con solo un clic.

 

  • Ropa: La más mona, de alquiler de ropa de fiesta. Una que es gran novedad en Madrid, The Closed Club, una biblioteca de ropa donde pagas un fijo de veinticinco euros al mes y puedes llevarte prendas todas las semanas y ellos se encargan de lavarlas. Y por último, estoy deseando utilizar para mi vestido de novia Nupcialista.
  • Educación: Sharing Academy, los más sénior de una carrera dan clases a los que acaban de entrar. Además de enseñar la materia en cuestión también transmiten cómo hay que estudiar. ¡Qué bien me hubiera venido a mi esto! Tardé casi dos años en enterarme de cómo se hacía un examen en mi querida Facultad de Matemáticas.
  • Comer: Chefly es una auténtica pasada. Cocinar para personas de tu barrio. Por ejemplo, mi madre, que cocina todos los días y además genial, si alguien en su barrio no tiene tiempo para hacerlo, por muy poco dinero comería caserísimo.
  • Viajar: En mis próximas vacaciones seguro que voy a utilizar la web intercambio de casas, con ella tienes a disposición muchas casas por todo el mundo. Y otra, Lazzum, conecta turistas con o sin discapacidad con guías locales con o sin discapacidad.

 

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Para mi, el descubrimiento de estas plataformas supuso un antes y un después en mi manera de comprar, de acumular y de darme cuenta que yo podía hacer algo por el medio ambiente sin responsabilizar a nadie. Creo que de poco vale pararse en si la gente las utiliza para conseguir un dinerito o porque se hacen más conscientes de que nos estamos cargando el planeta. Lo realmente importante es que comienza, con muchos de nosotros, otra manera de pensar y actuar entorno al consumo, ¡un gran olé por los que lo estamos haciendo así! 🙂 .