Enfrentarse al despilfarro alimentario, esto es lo que hacen las dos iniciativas que hoy comparto con vosotros. Son tan importantes –por su filosofía– como necesarias –por su labor–. Estoy segura que este tipo de proyectos van a hacerse más visibles según pase el tiempo aunque también creo que miles de miedos y excusas de muchos harán que lo tengan difícil, pero eso da igual, quien se mete en estos jardines sabe que hay que seguir pese a todo, ¡bravo por ellos! Hablo de la comida a punto de caducarse o de frutas y verduras que no están perfectas de cara al escaparate o de los productos que sabemos que no consumiremos ­–bote de alcaparras, por ejemplo– porque venía en una cesta y que hasta que no pasan los años no las tiramos. Muchos prefieren no hacer nada y que se pudra sin más, en lugar de actuar poniendo unas guías coherentes para que con el tiempo necesario su consumo sea oportuno.

 

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Mi primer héroe hoy, Álvaro Sainz y su proyecto Nevera Solidaria: tan simple como colocar una nevera en la calle con una valla (la licencia es la misma que para una máquina expendedora de bebidas) y que un responsable se encargue de revisar y limpiar. Hay quien repone (restaurantes, asociaciones de barrio, huertos urbanos con sus excedentes, etc.) cada paquete lleva su fecha de preparación y quien dispone –no esta pensado solo para personas necesitadas, cualquiera puede ser receptor–. La primera nevera arrancó hace un año y ya son seis –Valencia, Toledo, País Vasco–. La Asociación humanitaria de voluntarios de Galdakao, cuyo fundador es Álvaro te ayudan con todas las gestiones para llevarlo a cabo. Y digo yo: “¿Cómo a algunos les cuesta tanto decidir qué ponerse cada día, por ejemplo y a otros colocar una nevera en un espacio público en España les sale casi solo? ¡Qué le darían de comer de pequeño a este hombre vasco que todo lo hace ¡pim pam pum fuego!” 🙂 Un proyecto que me interesa totalmente por lo que tiene de barrio y de economía colaborativa.

 

Mireia Barba, mi segunda protagonista, es otra super woman de lo social. Su empresa Espigoladors recuperan fruta y verdura que se descarta (tanto por razones estéticas como por descenso de ventas). Parte de los alimentos los dona a entidades sociales y otra parte los transforma y comercializa (mermeladas, cremas,…) bajo la marca Im-perfect. He consumido las mermeladas y son un auténtico producto gourmet. Me gustaría que las vendieran en Madrid, ¡espero pronto encontrarlas!, aunque entiendo que es un proyecto muy sostenible y el tema de proximidad lo querrá respetar al máximo. ¿Se puede llegar a arrancar algo así, siendo solo una? A veces me sorprendo cuando sigo a emprendedores como ella y no me salen las horas del día para hacer todo lo que hacen.

 

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Todos los estudios nos dicen que con la mitad de lo que se desechamos, que es un 40% de lo que producimos, podría alimentarse la población que no tiene acceso a alimentos. Parece congruente que este tipo de iniciativas empiecen a aparecer en nuestras ciudades, así como otras que están teniendo mucho éxito: en Copenhague un super Wefood venden todo al 50% por ser alimentos rechazados en su primera criba o caducados. Aprovecho para recomendaros el libro Despilfarrro: el escándalo global de la comida o la peli Just eat it. En Facebook el grupo foodsharing también hace muy buena labor en este sentido. ¡Apoyemos a estos proyectos con lo poquito que podamos, una suerte para nosotros tenerlos cerca! Sin más, bon appetit para todos.