Mi viaje a China comenzó con la anulación de mi primer vuelo, un retraso de nueve horas en el segundo y una pérdida de maleta de tres días, ¡pufff! Llegué con la energía justa para enfrentarme a la gran Asia del este. Los contrastes son tan visibles desde que aterrizas que cualquier instante en la ciudad de Shanghai te sorprende y se agradece que alguien cercano a ellos te explique como funciona esta ciudad donde conviven el capitalismo, socialismo, taoísmo, budismo y confucionismo.

Este era mi quinto módulo del master con la Mondragón Team Academy (“learning by doing”) y la oportunidad de conocer este país de la mano de José María Luzárraga, Ashoka Fellow 2015 –emprendedor social Ashoka– era irrepetible. Tan visionario como pertinaz, el quiere ser parte del emprendimiento y la innovación social en China. Con él me quedó claro que allí existen dos velocidades, la avidez de unos pocos millones, que deslumbra a muchos occidentales y otra la del desarrollo de los pueblos en las zonas rurales que están muy al margen de toda la digitalización.

 

También me encontré con un tabú tan increíble como terrible, no se habla de las personas con algún tipo de discapacidad, para ellos no están, o mejor dicho no se ven 🙁 . Llegué a vivir una situación en la que mi compañera Belén que trabaja en una organización con personas con discapacidad, explicaba a un grupo de chinos, de unos treinta años, cómo son estas personas, la miraban absolutamente alucinados, ¡qué triste! Por el contrario casi la mitad de los chinos –hablamos de cientos de millones– pagan con el móvil, utilizando una aplicación llamada Wechat –mucho más que nuestro Whatsapp– . Mientras en occidente usamos una aplicación para cada cosa, Wechat es todas en una: Facebook,  Tinder, WhatsApp, Slack, Paypal, etc. Se está convirtiendo en uno de los fenómenos más impresionante en el móvil del mundo.

Otro ejemplo de que son los más rápidos, cuando se empeñan, lo vemos con los sistemas de movilidad en las ciudades. Mientras en occidente tardamos años en poner a disposición de una ciudad una red de bicis públicas, ellos en 2016 en Shanghai, donde la moda global por este vehículo y la necesidad por temas graves de contaminación, hizo que arrancara un sistema de bicicletas eléctricas en solo tres meses, hablamos de una ciudad con veintidós millones de habitantes. Y esto es curioso porque así como han aparecido ahora, desaparecieron entre los años 1960 y 1970 cuando el estatus de los chinos iba en aumento y tener un coche era lo más importante. Actualmente no les queda otro remedio ya que los niveles de polución son de los más altos del mundo y esto no permite que se pueda hacer vida en las calles: los padres lo primero que hacen cuando se levantan es mirar los indicadores de polución y en muchos casos los niños se quedan en casa, sin ir al colegio ni al parque en todo el día.

Una sabor agridulce me dejó la visita a Ali Express –el Amazon chino–, donde una persona que lleva muchos años trabajando allí nos contó el problema que estaba detectando el gobierno chino con relación al ingenio e innovación: los chinos son los mejores imitando, son lo más rápidos sin duda, por disciplina, por educación. Sin embargo tienen dificultades en crear desde cero, la falta de creatividad en las etapas tempranas de formación y todo absolutamente dirigido está haciendo que sus niveles de innovación no sean los que preveían para principios del siglo XXI. Desde el gobierno se plantean cambiar los sistemas de educación, y volver a enseñar y conectar con su cultura tradicional.

 

 

Y con relación a esta nueva forma de educar, apareció el gran brote verde dentro de todas las visitas: el centro de aprendizaje Taihu. Un colegio, absolutamente alternativo en China, fundado por Master NAN, considerado como el Dalai Lama del budismo y el taoismo. Un centro que da a sus alumnos una educación que une oriente y occidente y que conecta materias como matemáticas y meditación. El gobierno apoya este centro de aprendizaje, donde la cultura tradicional china, las enseñanzas de Confucio, tienen un papel protagonista. Para mi, fue como creer de nuevo que desde lo ancestral y seleccionando lo mejor de su tradición creen que se pueden transformarse. Están dando valor a lo que es difícil de encontrar en el resto de empresas, muy centradas en el capitalismo.

De reciclaje, en la ciudad de Shanghai, mejor ni hablamos. Difícil de encontrar iniciativas interesantes y  muy fácil de ver espacios de chatarreros que están llenos de personas cargadas en sus motocicletas de acero, cobre, hierro y aluminio. Allí son compensadas por unos pocos yuanes; el reciclaje tradicional de toda la vida.

 

 

Otro buen momento fue el último día, la inauguración del Impact Hub en Shanghai, allí había al menos doscientas personas que apuestan por la innovación social, dentro de todos millones de personas que habitan Shanghai, ¡increíble! Los que estaban allí, son unos verdaderos convencidos y seguro que unos afortunados de poder compartir entre ellos sus proyectos. ¡Al fin un lugar de encuentro, mucha suerte para este Impact Hub!

 

Lo descrito aquí es producto de mi vivencia, nada que a ojos de otra persona pueda ser diferente, yo que iba en búsqueda de propuestas medioambientales y sociales, me resulto bastante duro. Buen ejemplo de esto fue la charla que tuve con un chico que se sentó a mi lado en el vuelo de vuelta Paris Madrid, volvía encantado de China y había echado muchos curriclums para trabajar de profesor de inglés allí. Su vuelta y la mía nada tenían que ver.

  • “El gobernante sabio, es liberal sin ser pródigo, hace trabajar al pueblo. Quiere y no es ávido, es grande sin ser soberbio, es digno sin ser adusto.”
  • “Si no estamos en paz con nosotros mismos, no podemos guiar a otros en la búsqueda de la paz”.

Confucio.(551 a. C.-479 a. C.)