filamento verde

Hoy os hablaré del proyecto canario “3DTops”: a partir de tapones de plástico, que se recolectan para campañas solidarias, crea el filamento necesario para la impresión 3D.

El funcionamiento de la impresión 3D consiste en producir un objeto físico a partir de un diseño 3D creado con un ordenador. Esto se consigue construyendo capas sucesivas utilizando el filamento, que puede ser de varios materiales, hasta construir el objeto. Algunos de los objetos que podríamos fabricar son: maquetas, prótesis, piezas de diseño, alimentos de diversos sabores, juguetes, etc. Es decir todo lo que podamos crear por nosotros mismo se puede imprimir en 3D.

El proyecto me interesa especialmente porque está basado en dos ideas de actualidad e importantísimas: la economía circular (el reciclar de toda la vida :)), donde la regla es reducir, reutilizar y reciclar; y la segunda, el empoderamiento que podemos adquirir los ciudadanos si ejercemos nuestro papel como prosumidores (particular que ofrece bienes o servicios a cambio de dinero o gratificaciones de algún tipo). A estos dos propósitos se le une el impacto beneficioso ambiental –descentralizar, evitar los movimientos de toneladas de plásticos a centrales de reciclaje y hacerlo de manera local– y el impacto social, revalorizar el material para filamentos y con el beneficio obtenido poder financiar iniciativas solidarias y sociales.

Nació en el espacio de creación “Orotava Hakerspace”, donde Tanausú Hernández su presidente apuesta porque la creación, imaginación e innovación sean los ingredientes que unan a un grupo de personas con mismas inquietudes. Existen otros espacios de este tipo como los Makerspace o Fablab. En estos lugares sus miembros comparten conocimientos y seguramente solos sería mucho más complicado llevar a cabo sus producciones e ideas.

 

Ellos fueron uno de los ganadores de la primera edición de los premios nacionales de la “Economía Colaborativa”. Y, ¿por qué en este caso es economía colaborativa (en adelante e.c.)? La utilización de algo que se tiene y que se hace uso personal para producciones propias también se puede compartir para generar nuevas iniciativas sociales. Unos cuantos comparten sus tapones y otros comparten el uso de su impresora para financiar proyectos.

Para finalizar me gustaría compartir la información del último informe que ha realizado la OCU y que se presentó ayer, “¿Colaboración o negocio?” sobre los usos de las plataformas y usuarios en relación al consumo colaborativo. En él se llega a la conclusión de que un 10% de estas empresas y plataformas aportan un cambio social. Para algunos será suficiente, sin embargo para otros –como para mí­– es un dato escaso y con el que me sorprendí negativamente. Desde que me encontré con la e.c. siempre he visto en él un camino para modificar y aprovechar lo aprendido generando cambios medioambientales y sociales. Es importante insistir y promocionar desde todas las instituciones, que hay que valorar de manera muy notable a los que se la juegan y apuestan por generar un mejor mundo para todos los que vienen detrás nuestro. De poco serviría el avance, manteniéndonos en el mismo capitalismo individualista de algunos en épocas anteriores.